Rodrigo Fica: Cerro Plomo
Revista Travelling
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Vista de la todavía lejana cumbre del cerro El Plomo (5.430 m), Santiago de Chile
Cerro El Plomo                        

La más alta montaña visible a simple vista desde Santiago (5.430 m), rodeada de glaciares y centros de esquí. Una opción relativamente desconocida para los turistas que desean conocer los encantos de la Cordillera de los Andes. Puede ser visitada durante todo el año, ofreciendo calor estival o bien la rigurosidad propia del invierno.
Texto y Fotografías: Rodrigo Fica
Mayo 2000


Santiago, ciudad capital de Chile, está al lado de la Cordillera de los Andes. Ella no sólo entrega una bonita vista, sino que también ofrece un amplio espacio para la recreación y el esparcimiento. Las opciones son múltiples y van desde apacibles paseos diarios hasta ascensiones mayores en lugares tales como la Sierra del Ramón, el Cerro Provincia o el Cajón del Maipo.
Sin embargo, el destino supremo por excelencia es el cerro Plomo, el punto más alto que puede verse a simple vista desde Santiago (5.430 metros de altitud). En sus faldas se localizan cuatro centros de esquí, dos Santuarios de la Naturaleza y varios glaciares que alimentan la cuenca hidrográfica de la zona. En los días despejados se le puede observar claramente un poco a la izquierda del río Mapocho, bien atrás de los primeros contrafuertes cordilleranos.
Es una montaña de fácil acceso. A diferencia de otras atracciones naturales, está comunicado con Santiago por un camino de montaña asfaltado y, luego, al adentrarse en la cordillera, existe un sendero peatonal visible en el 90% del recorrido.
Visto así, es un paseo relativamente seguro que muestra el típico paisaje de montaña existente en la zona central chilena. En verano y primavera el suelo se cubre de pastos y flores y se aprecia al ganado pastando tranquilamente; en invierno, el lugar se cubre de nieve y obliga al uso de esquíes y ropa abrigada. Antes de continuar, una seria advertencia. Si bien es cierto que la huella llega hasta la cumbre del Plomo y que no se requieren habilidades excepcionales para intentar su ascenso, las condiciones reinantes cambian constantemente. Las bajas temperaturas, los fuertes vientos y las imprevistas tormentas eléctricas son peligros reales que debemos evaluar en todo momento.
Actualmente el ascenso ya se puede realizar en menos de un día por atletas y guías, pero lo habitual es planificar una salida de cuatro días de duración para poder recorrer los valles inferiores, ascender a su cumbre y regresar tranquilamente a Santiago.
Andinismo Indígena
La primera ascensión moderna fue realizada a fines del siglo pasado por Brant y Lucke, pero ellos no sólo encontraron en la cumbre vestigios de ascensiones anteriores, sino que también abundantes restos indígenas durante el trayecto. Esto hizo incluir al Plomo dentro del selecto grupo de montañas adoradas por los habitantes pre-hispánicos.
A diferencia de otros pueblos, las culturas indígenas que habitaron los Andes no tuvieron una actitud meramente contemplativa con sus montañas, sino que las hicieron parte de su vida y participaron activamente en sus reconocimientos y exploraciones. Se han contabilizado más de 120 sitios arqueológicos localizados sobre los 4.500 metros de altitud, en lugares tales como el Aconcagua, el Llullaillaco o el Licancabur.La Pirca del Indio, mucho más que los cuatro metros cuadrados que abarca. Un símbolo del predominio indígena prehispánico
En el caso del Plomo, la más importante que aún perdura es, sin duda alguna, la Pirca del Indio, un pequeño resguardo situado a 5.000 metros, camino de la cumbre.
Sesenta años después del primer ascenso, en 1954, una expedición liderada por Guillermo Chacón alcanzó este refugio con la intención de buscar restos antiguos; luego de cavar un tanto, encontraron un niño de 8 o 9 años en perfecto estado de conservación, sin señales de lesiones y con un semblante sereno.
Probablemente murió por congelación hace unos 500 o 600 años. Su cuerpo soportó el paso de los siglos sin sufrir la natural descomposición debido a que sucesivas capas de tierra, nieve, hielo y piedras impidieron el paso del oxígeno y de la humedad.
Actualmente está en el Museo Nacional de Historia Natural de Santiago, aunque no en exhibición debido a que su traslado al valle, y su posterior exposición, inició un irreversible proceso de deterioro.
Del Valle a las Alturas
Existen varias alternativas para visitar el cerro Plomo. La aquí descrita es la mejor para el visitante ocasional, porque permite una aclimatación paulatina y lo lleva por los principales puntos de interés. Se trata de la vía Santiago-Farellones-La Parva.
Como no existe transporte colectivo interurbano es necesario proveerse de movilización propia. En invierno el camino colapsa por el tráfico y existen horarios de subida y bajada; cuidado especial hay que tener los fines de semana, cuando se produce la mayor afluencia de público a los centros de esquí. Fuera de temporada, la ruta es más bien solitaria y no existen mayores problemas.
Desde Santiago, nuestro viaje comienza donde la avenida Las Condes se aproxima al río Mapocho, en un cruce señalizado que marca el kilómetro cero.
El camino es serpenteante y angosto, con muchas curvas cerradas, elevándose rápidamente del valle hasta la Cordillera. Las caídas de piedras y la existencia de hielo sobre el pavimento exigen la máxima atención al conductor.
En el kilómetro 7 se cruza el puente El Ñilhue, punto de inicio para quienes desean ascender el cerro Provincia, otro circuito bien popular. La Corporación Nacional Forestal (CONAF) ha instalado un puesto de control en su entrada debido a que se ha incrementado la cantidad de visitantes con el consecuente riesgo de impacto negativo al medioambiente. También se entrega información a los excursionistas y se verifica que tengan el equipamiento adecuado.
Continuando por la ruta, se pasan varias parcelas hasta que en el kilómetro 20 encontramos otra bifurcación en el punto denominado Corral Quemado (una antigua fundición de mineral). El ramal izquierdo de tierra conduce a la mina de cobre La Disputada de las Condes, mientras que el de la derecha, el que debemos tomar, continua ascendiendo hacia los centros de esquí.
Aquí la distancia se mide en el número de curvas cerradas que tiene el camino. En la número 17 se localiza el Santuario de la Naturaleza Yerba Loca, también a cargo de CONAF y que también representa otra posibilidad de visita. En la curva 40, y última, llegamos a Farellones, pueblito ubicado a 2.430 metros de altitud y a 32 kilómetros de Santiago. Luego de pasar por sus empedradas calles, recorremos cuatro kilómetros más hasta La Parva, punto final del camino, un exclusivo villorrio que posee 30 pistas de esquí y 14 andariveles.
Por el Río Molina
El equipamiento que necesitamos va a depender de hasta donde queramos llegar. En verano, para una excursión por el día, se requiere sólo de un buen par de zapatos y bastante agua. Pero en invierno, para ascenderlo, hay que contar con equipo completo de montañismo: carpa, esquíes, ropa abrigada, anafres, etc. Es imperativo evaluar correctamente las condiciones antes de partir.
A la Parva se recomienda llegar temprano para que cunda el día. Bajarse rápidamente del auto puede ser un poco duro; los 2.650 metros de altitud son suficientes para provocar molestos dolores de cabeza al visitante poco acostumbrado. Si agregamos a ello la pérdida del apetito, algo de somnolencia e incluso la falta de aire, entonces estaremos sufriendo los primeros síntomas del mal de altura, o puna. Si bien son habituales, no hay que menospreciarlos; si no desaparecen, en incluso tienden a empeorar, es mejor descender a una menor altitud lo antes posible antes que se transformen en una dolencia más seria.
Nuestro primer objetivo es alcanzar el portezuelo del Franciscano y la laguna de Piuquenes. Para ello basta con remontar los faldeos occidentales hasta el punto más alto, siguiendo el andarivel denominado "Piuquenes". En tres horas de subida constante, llegaremos a la laguna del mismo nombre, un lugar plácido y tranquilo donde podemos almorzar.
Desde acá no es posible distinguir el Plomo; es necesario continuar el sendero (que va hacia el este) bajando y subiendo varias veces hasta llegar al río Molina, el cual corre en sentido norte-sur por una especie de valle perdido. Después de otras tres horas de marcha arribamos a una amplia explanada denominada Piedra Numerada, nombre curioso que se debe a una gran piedra que existe en el lugar y que tiene varios números pintados a su alrededor.
Quienes sólo dispongan de un fin de semana y desean descansar disfrutando del idílico entorno, debieran pasar la noche aquí y luego iniciar el regreso.
La segunda jornada de marcha involucra cinco horas de caminata, siempre siguiendo el sendero y pasando por unas antiguas pircas indígenas. Se remonta completamente el curso del río Molina hasta su nacimiento al pie de la cara oeste del Plomo, para llegar a un circo formado por varias montañas diversas donde se localiza un primitivo refugio de color naranja.Antes de llegar a la Hoya, pasamos por una suave meseta donde está instalado un viejo refugio de montaña
Es posible acampar acá, pero se recomienda subir 200 metros más hasta un pequeño cuello de botella formado por el retroceso de los hielos denominado "La Hoya". Aquí la vista es magnífica, apreciándose los dos glaciares principales que caen desde la cumbre; el de la izquierda se denomina "Colgante", mientras que el de la derecha se llama "Iver".
Estamos a 4.200 metros de altitud; no hay vegetación ni animales; las noches son frías y el viento es compañero frecuente. Estamos en plena cordillera de los Andes, reino del hielo y de las piedras, un lugar ajeno al Hombre. Si se desea pasar una noche sin apremios, indudablemente requeriremos algo de equipo de alta montaña y un tanto de experiencia.
Día de Cumbre
La vista atemoriza porque no se ve por donde subir; sin embargo, bien a la derecha, sale un sendero que serpentea por las laderas, haciéndole el quite a la nieve y el hielo. En una hora de marcha se accede a una pequeña plataforma donde se localiza lo que queda de un viejo refugio de madera. Desde aquí, siguiendo el sendero, se debe atacar la empinada pendiente de piedras hasta que, tres horas más tarde, llegaremos a la Pirca del Indio.
Hay que reconocer que no parece gran cosa. El frío y el cansancio no dan pie para reflexionar acerca de los motivos que llevaron a los indígenas a construir un hito cultural aquí. Apenas tenemos algo de energía para tomar algunas fotografías y para resistirnos a la tentación de huir de este hostil lugar.
La Pirca sólo es un parapeto donde guarecerse, pero está tan bien hecho que invita a entrar en él y descansar unos minutos. Al rato, los tibios rayos del sol nos calientan un tanto y nos devuelven algo de energía. Junto con ella, nace la ambición por continuar.
Pero no hay que engañarse. Aún faltan 400 metros para llegar a la cima y es imprescindible atravesar el glaciar por la izquierda. Este es fácil, pero involucra grampones, un piolet y el conocimiento de técnicas de desplazamiento en glaciares. Si usted, estimado lector, no los posee, no continúe. Todos los accidentes que han ocurrido en el Plomo se deben a inesperados resbalones producidos en el pulido hielo.
Si decidimos continuar, emplearemos una hora en acceder a la explanada. Aquí existe una placa que recuerda el lugar donde los incas celebraban la llegada del solsticio de verano. La cumbre está más atrás, algo oculta por las innumerables lomas que siempre parecen ser la última. De repente, una de ellas marcadas por un pequeño crucifijo nos indica que hemos llegado al final y que de aquí en adelante, todos los caminos conducen al hogar.
Cuando logramos respirar un poco mejor en la enrarecida atmósfera que los 5.430 metros nos otorga, podremos ver los últimos valles primitivos que la zona central chilena posee.
Una Invitación
Hacia el norte veremos un sistema de glaciares cayendo hacia el río Olivares, el cual corre en sentido norte-sur hasta desembocar finalmente en el río Colorado, y de ahí, al Maipo. Se aprecian perfectamente todas las altas cumbres limítrofes y algunos optimistas aseguran incluso que a veces se puede ver el Aconcagua. Más cerca se observan también cómo los continuos retrocesos de las moles hielo han ido dejando espacio para la vegetación y la vida animal.
En fin, una hermosa vista para el regocijo del alma.Los grandes glaciares que caen del cerro Fickensher, al noroeste del Plomo. En el trasfondo, más montañas remotas todavía poco visitadas
Contemplando la cordillera así, en su más pura expresión, surge espontáneamente la intención de preservarla tal como está, para el goce de los que están por venir. En verdad, el ecosistema que rodea al cerro el Plomo está muy cerca de la civilización y la cada vez mayor afluencia de personas a sus valles provocan impacto en mayor o menor grado. Cuidarla es una obligación moral.
No destrozar la flora, no molestar a los animales, no dejar basura (ni siquiera papeles higiénicos), retirar la que ya existe y respetar el sendero, son sólo algunas de las más elementales normas de educación ambiental.
Luego de disfrutar de la belleza del lugar y que nuestro espíritu se haya reconfortado con la magnificencia y plenitud que provoca estar inmerso en plena montaña, nos debemos preparar para iniciar el regreso.
Al comenzar a desandar nuestros pasos para retornar a nuestra vida cotidiana, nos invade un sentimiento de querer ser, cada día, un poco mejores.
Rodrigo Fica